
No sé si a ustedes les pase lo mismo, pero a mí todavía me gusta leer la prensa, escrita o digital, aunque siempre voy a preferir los diarios de papel porque me parecen más confiables, más serios, o quizá porque simplemente me gustan esas costumbres que poco a poco se van muriendo. Sin embargo, intento adaptarme y admito que la prensa digital ha mejorado mucho y en muchos casos ya es la única alternativa para mantenerse informado o continuar con este vicio anticuado de leer la prensa los fines de semana.
Así que hoy mientras desayunaba, cogí mi tableta y me puse a leer el periódico, en realidad dos periódicos: uno inglés y el otro peruano porque soy del Perú. En Inglaterra leo muchos diarios, pero el único diario al que estoy subscrito en estos momentos es a la versión digital de The Telegraph. También leo The Sunday Times, The Daily Mirror, New Statesman, The Spectator, The Daily Mail, The New European, The Guardian e incluso a veces hasta The Sun. No le soy fiel a ninguno. Le soy fiel a mi curiosidad que no discrimina posiciones políticas. Obviamente, no los leo todos en un mismo día ni leo los diarios todos los días. Eso es imposible, tiempo me faltaría, pero sí los leo con regularidad.
La única razón por la que me subscribí a The Telegraph es porque de todas las columnas de opinión que leo ahí la que más disfruto es la de Daniel Hannan, un político británico conservador que hace poco le concedieron un life peerage, es decir, es un lord inglés.
No soy conservador, pero creo que Daniel Hannan escribe con mucha honestidad desde una postura conservadora. Sus cuestionamientos agudos a la izquierda progresista me parecen válidos, desafiantes, pero respetuosos y tienen mucho sentido porque muchas veces acusan la doble moral e hipocresía en la que lamentablemente caen sus detractores. Veo en él un político honesto que se atreve a decir con elocuencia y sin miedo lo que piensa. Sin embargo, existe otra razón más por la que leo a Hannan. Para mi sorpresa, el conservador británico es peruano de nacimiento, aunque de padres británicos. Vivió sus primeros años de infancia en mi país mucho antes de que yo naciera. Cuando tenía tan solo cuatro años de edad, una turba de matones envalentonada por el golpe militar del General Juan Velazco Alvarado en 1968 trató de atacar a su familia y robarles su hacienda, incluso intentaron quemar la entrada principal, pero su padre y sus guardianes felizmente lograron dispersarlos lanzando disparos. Ese suceso fue la razón por la que su familia y en realidad gran parte de la comunidad peruana-británica se fue del Perú.
Desde que me enteré que era peruano gracias a un ex compañero de trabajo allá por el 2016 justo unos días después del infame referéndum del Brexit, lo busqué por internet y es así como empecé a escuchar sus conferencias, entrevistas y a leer sus columnas. Es un tipo muy inteligente, muy culto. Yo soy europeísta, es decir, hubiese preferido que el Reino Unido se quedase dentro de la Unión Europea ya que creo que en la globalización en la que vivimos a los países le va mejor si están en bloques y no fragmentados. Como latinoamericano que soy sé que la fragmentación como la que existe entre pueblos hermanos, con una cultura y la misma lengua, nos ha condenado al atraso. Pero Hannan no, al contrario, es uno de los críticos más agudos del bloque europeo, mas no de Europa. Se considera hispanófilo y francófilo, domina muy bien el francés y el español con acento latinoamericano, es decir sesea como nosotros.
Al principio también leía The Telegraph en versión papel, pero luego sus artículos se me fueron acumulando y ya no sabía dónde guardarlos. Es la ventaja que tiene la versión digital, hay que aceptarlo, te permite coleccionar las columnas que lees y regresar a ellas con mucha facilidad.
Una de las secciones que siempre reviso en un diario, sea de papel o digital, es su sección cultural. Uno siempre encuentra cosas buenas. Por ejemplo, en la edición de hoy sábado encontré una columna del poeta punk John Cooper que confiesa la importancia en su formación como poeta de haber leído a Charles Baudeliare (1821-1867) cuando era chico.

El artículo tiene como imagen de cabecera un cuadro erótico hecho por Charles Maurin inspirado en el poemario Les Fleurs du mal (Las flores del mal) de Baudelaire que revolucionó la poesía en 1857. En la pintura aparece un hombre enfermo vestido de negro con el rostro verde recostado sobre el tronco de un árbol con un grupo de mujeres desnudas a su alrededor en una colina lejos de la ciudad. Algunas lo contemplan como si lo tuvieran hechizado; una se tapa el rostro de vergüenza por estar desnuda; otra parece estar dormida con la cabeza sobre su clavícula o mirándose los pechos; otra mira al suelo; otra al fondo está de espaldas y las demás que están con ella parece que bailan lejos del hombre enfermo. Una ilustración hermosa.
Luego me puse a leer el semanario peruano de César Hildebrandt. Desde hace unos meses lo leo religiosamente y gracias a él me mantengo al día sobre lo que pasa en mi país, sobre todo ahora que se avecinan las elecciones presidenciales. Nunca me pierdo sus columnas. Me parece uno de los pocos periodistas de prensa escrita que vale la pena seguir en Perú. Es el tipo de periodista que ama su profesión, no se vende y siempre fiscaliza al poder de turno. Sigo a otros periodistas peruanos también, pocos en realidad, pero confío más en él.

Estoy tan acostumbrado a la variedad de opiniones, a la riqueza léxica, a la calidad de sus investigaciones y los features de los diarios ingleses que cuando se trata de los diarios peruanos, muchas veces solo fisgoneo sus portadas digitales pero más allá no voy. No me subscriría a El Comercio ni así me pagasen o fuese gratis ni tampoco a La República, un diario que sigue sin muro de pago, por cierto, pero con artículos mal escritos, con errores gramaticales garrafales y una visión muy sesgada de izquierda. Sin embargo, dentro de esos dos diarios que son los más importantes del Perú, hay excepciones claro, columnas de opinión que sí, valen la pena leer, pero en todo caso son una minoría. Es bien sabido desde hace mucho que con internet la prensa ha decaído mucho en todo el mundo, pero cuando comparo la prensa británica con la prensa peruana, no hay punto de comparación. Aquí todavía el periodismo británico es un arte y en muchos aspectos una expresión literaria. El semanario de Hildebdrant es una excepción.
Lo que más admiro del periodista César Hildebrandt es su pasión por el periodismo, por la lectura y la historia. Comparto esa frustración que él tiene, que es exactamente la misma que siento yo, por pertenecer a un país que no aprecia la lectura ni la vida intelectual, palabra, huelga decirlo, que ya no está de moda y que es mal vista en el mundo de hoy. Se necesitan periodistas como él que no solo sean opinólogos, sino que también le exijan cuentas al gobierno de turno. Veo algo de mí en él, o mejor dicho para no caer en una vana petulancia, veo un modelo de lector y periodista que me gustaría imitar, o mejor dicho, que me hubiese gustado imitar y que a veces, admito, todavía intento imitar no en su oficio, claro está, sino en pasión, como ya dije, por los libros, la literatura y la historia.
En total hoy me pasé aproximadamente dos horas y media de la mañana leyendo ambos periódicos, viendo qué ocurre en el caótico Perú y en la aturdida Inglaterra y buscando algunas palabras nuevas en español, siempre hay, y en inglés que luego apunté en un cuaderno. ¿He perdido el tiempo esta mañana leyendo los diarios? Tal vez, pero no me importa.
Me gusta mucho encontrar palabras nuevas, modismos ingleses, castellanos, o peruanismos que hace tiempo no escuchaba (o leía). Me gusta memorizarlos, si la definición de un vocablo no me queda clara, voy entonces al corpus lingüístico para encontrar ejemplos de su uso. A veces me toma mucho tiempo, pero qué se le va a hacer; soy profesor, pero también un periodista y un escritor frustrado y como tal tengo manía por las palabras.
Londres, abril de 2021