España: Un imperio con energía colosal

Hay países que han tenido un rol protagónico en la historia. El antiguo Imperio español tuvo una duración de más de tres siglos sin rival alguno que pudiera derrotarlo. Aquel imperio, fue, sin duda, un imperio singular. Ningún imperio, antes o después de ellos, pudo y ha podido durar tanto. Pero, los españoles fueron singulares por dos razones más.

Primero, fueron los primeros en desarrollar una naturaleza transoceánica. El imperio romano no pudo conquistar territorios de ultramar. El español sí. Segundo, el descubrimiento de América marcó el fin del medioevo y el inicio de la Edad moderna. En la nueva cartografía mundial aparecía ahora un nuevo continente gigantesco en medio del océano, y España se lanza a conquistarlo. Entonces, empieza la conquista de América y es el momento del auge del Imperio español.

¿Con qué contaba el Imperio español para llevar a cabo semejante hazaña? Pues, con una energía colosal que transformó a ese pequeño país en un imperio poderosísimo. Esta es la idea central que sostiene el historiador Hugh Thomas en Rivers of Gold, the Rise of the Spanish Empire (2003), que leí hace algunos meses y del cual he querido escribir mi apreciación porque así como me apasiona la literatura, lo mismo me ocurre con la historia.

Rivers of Gold, The Rise of the Spanish Empire (2003)

Así que comenzar a leer a Thomas ha sido una experiencia muy interesante y fascinante. ¿Por qué? Porque gracias a esta lectura mis conocimientos de historia se han enriquecido. Ahora comprendo mucho mejor un período complejo de la historia que aún despierta muchas pasiones sobre todo ahora que la palabra “imperio” se ha vuelto negativa y controversial. Por un lado hay quienes sostienen que España fue principalmente un imperio violento; mientras que para otros, fue la que llevó la civilización a América. Pues para Thomas, remitiéndose a más de cien páginas de referencias bibliográficas, España fue todo eso a la misma vez. El libro cuenta con mucho detalle en sus más de seiscientas páginas las tres primeras décadas de los españoles en América, es decir, desde la llegada de Colón al Caribe en 1492 hasta la primera vuelta al mundo en 1522.

Durante esos treinta años cada paso en la historia que dieron los españoles fue en realidad el anticipo de una gloria mucho más grande, pero incluso sus logros descomunales ya se veían desde mucho antes. Thomas cuenta los más importantes: la conquista de las Islas Canarias en el siglo XV; la unificación de Castilla y Aragón en 1469; la reconquista de Granada en 1492 después de casi 800 años bajo dominio musulmán; la llega de Colón al Caribe en ese mismo año; la conquista de Cuba en 1511; el nombramiento de Carlos V como emperador del Sacro Imperio Romano en 1519; y para cerrar con broche de oro ese período, la primera circunnavegación en barco en 1522. Todos estos sucesos fueron verdaderamente impresionantes. Es como si los astros se hubiesen alineado con, como dice Thomas, esa «small nation which had never before made a mark on history (p. 61)», para convertirse en la envidia del mundo.

Una de las cosas que más me gusta de la historia es que, a través de ella, podemos conocer mejor al ser humano. Al verla en retrospectiva, uno puede ver que las contradicciones son una constante en la conducta humana. Mientras por un lado, los reyes católicos se mostraron magnánimos y humanos al prohibir la esclavitud de sus nuevos vasallos, los indígenas; por otro lado, aprobaron la Inquisición así como la expulsión de los judíos y los musulmanes, a pesar de que se les habían garantizado la permanencia en territorio español. La gran pregunta que me rondaba por la cabeza mientras seguía leyendo era ¿por qué? Thomas no responde, pero hace muchas preguntas y conjeturas que a mí me llevaron a pensar en lo siguiente: la política de antes y la de hoy no ha cambiado mucho.

Puede que los reyes no estuvieran de acuerdo con aquellas expulsiones, pero de todas maneras las realizaron por presión. El recelo hacia esos extranjeros había aumentado y sido atizada por el fanatismo religioso, la xenofobia y el racismo. ¿Acaso no se parecen esos tiempos medievales a los de hoy? El discurso antiinmigración va en aumento en Occidente y está claro que no es nada nuevo. Pero eso solo lo podemos saber si leemos la historia. Mientras uno más la lea se da cuenta de que ésta es cíclica y de alguna manera se repite ya que la historia, al fin y al cabo, la realizan las personas, es decir, nosotros que estamos llenos de contradicciones.

La inmigración es también una constante en la historia. La gente siempre se ha desplazado de un lugar a otro buscando nuevas oportunidades, y en muchos casos, escapando de la pobreza. Así como hoy son los latinoamericanos quienes emigran a España en busca de un futuro mejor, antes eran los españoles, sobre todo, los más pobres, los que iban a América buscando lo mismo que buscan los inmigrantes de hoy.

Gracias a Thomas, es realmente interesante saber que los reyes católicos Fernando e Isabel no fueron déspotas ni salvajes, como actualmente se cree, con los indígenas. Por el contrario, fueron los mismos reyes quienes convocaron a sus mejores pensadores para debatir la situación de los indígenas, lo cual los llevó a promulgar las famosas Leyes de Burgos en 1512 que buscaban proteger a los indígenas y tratarlos como vasallos libres. He aquí una tercera singularidad del Imperio español porque Thomas dice: «This debate was unique in the history of Empires» (p. 338). Es decir, antes de los españoles, ni Roma, ni Grecia se plantearon un debate sobre la esclavitud y después de los españoles, ni Francia ni Rusia tampoco. ¿Y qué hay del Imperio británico, país de Thomas? ¿Se plantearon ellos ese mismo dilema sobre sus conquistas? «The idea is laughable» (p. 338) responde Thomas. Es verdad que mientras los reyes y los misioneros buscaban realizar una colonización y evangelización pacífica, ésta en la práctica no se cumplía porque a los primeros colonos no les interesaba la evangelización; sino más bien encontrar oro. Sin el oro, «the Spanish interest in the Indies would have evaporated» (p. 110).

Pero ¿fue solo el oro lo único que motivó a los españoles? En gran parte sí, pero también un deseo de aventura avivada por la literatura, en particular, las novelas de caballería, género en boga de la época. Novelas como el Amadís de Gaula (1508) y Las Sergas de Esplandían (1510) llenaron la mente de esas primeras generaciones de españoles de historias fantásticas y fascinantes que los llevaron a emularlas en la vida real.

He de confesar que la lectura a veces se vuelve tediosa con demasiados nombres, lugares, fechas y una lista interminable de sucesos, pero aparte de eso, Rivers of Gold es una obra ambiciosa y espléndida. En sus páginas Thomas ha querido pintar, como si se tratara de un lienzo, un retrato total de esos tiempos. Al leerla incluso uno se topa con pequeños detalles de lo más interesantes. Por ejemplo, Venezuela viene de “pequeña Venecia”; California, del reino de la “reina Califia”, personaje ficticio de una novela de caballería; el Amazonas, de “las amazonas de la mitología griega”, unas guerreras en quienes pensaron los españoles cuando peleaban contra valientes guerreras indígenas; y la Patagonia, de otra novela europea, aunque Thomas no dice cuál. Está claro que la América de hoy es una construcción europea.

El libro forma parte de una trilogía sobre el Imperio español que la completa la publicación de The Golden Age, The Spanish Empire of Charles V (2010) y de World Without End: The Golden Empire of Philip II (2014). No puedo decir nada sobre esos libros ya que no los he leído aún, como tampoco he leído sus libros sobre la guerra civil española o la conquista de México que le trajeron mucha fama y convirtieron a Hugh Thomas en uno de los intelectuales más influyentes de su tiempo.

Londres, mayo de 2025

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